Lecciones de filosofía, naturaleza humana y empresa desde una isla desierta (I)

Una historia real en Galápagos revela cómo la libertad sin responsabilidad destruye equipos y organizaciones. Lecciones de liderazgo, ética y convivencia.
A veces una película revela más sobre el comportamiento humano que un tratado de filosofía o un manual de liderazgo. Eso me ocurrió al ver una historia inquietante basada en hechos reales: un experimento de libertad absoluta que, lejos de crear un paraíso, derivó en violencia, manipulación y un colapso moral que dejó apenas unos pocos supervivientes.
El filósofo que huyó del mundo… para crear otro peor
Tras el crack de 1929 y el auge del fascismo, un médico y filósofo alemán, desilusionado con su país y con la humanidad, decide huir con su mujer a una isla desierta en Galápagos. Allí pretende escribir un tratado que reformule desde cero la moral del ser humano: una moral basada en la naturaleza, en lo instintivo, en la voluntad individual sin interferencias.
En su visión, la libertad es un derecho radical que legitima cualquier acción, incluso matar, si forma parte de la naturaleza profunda del individuo.
Este planteamiento podría sonar extremo, pero es la versión radicalizada de algo que vemos a diario en empresas y en la vida personal:
Confundir libertad con ausencia de límites.
El espejismo de los líderes “sin reglas”
El protagonista no esperaba que otros colonos, inspirados por sus cartas publicadas en Alemania, llegaran a la isla. Y fue entonces cuando su teoría se derrumbó.
Donde él imaginaba un “modelo ideal” de convivencia libre, emergieron conflictos, luchas por el territorio, rivalidades personales, celos, engaños… y, finalmente, actos de violencia.
Su filosofía no resistió el choque con la realidad.
Un líder que predica libertad sin responsabilidad está construyendo un camino hacia el caos.
En equipos comerciales, departamentos de ventas o startups jóvenes es común ver discursos de autonomía sin una visión global del proceso.
Tarde o temprano, lo que comienza como libertad se convierte en confusión, desgaste, conflicto y falta de rendición de cuentas.
Tal como ocurre en la película, la naturaleza humana no cambia:
sin pactos claros, todos pierden.
La libertad que se devora a sí misma
La película muestra el deterioro de la convivencia cuando nadie sabe (porque no hay acuerdo previo):
- qué está permitido,
- qué está prohibido,
- quién decide,
- quién protege,
- o qué hacer cuando surgen conflictos.
En una empresa sería como eliminar:
- la estructura,
- los procesos,
- el liderazgo servicial,
- y la cultura compartida.
Lo que surge no es una libertad más pura, sino una selva donde cada uno interpreta la moral a su manera.
El protagonista, defensor de la libertad absoluta, acaba violando él mismo los derechos ajenos.
El mensaje es contundente:
La libertad sin responsabilidad es egoísmo en estado puro.
Liderazgo, ventas y el contrato moral
El ser humano necesita un pacto para convivir.
Los primeros colonos en Estados Unidos que emigraron a principios del siglo XVII entendieron que por muy diferentes que fueran, solo podrían convivir sobre la base de una promesa que vinculase a todos dentro de unas normas compartidas.
Gracias a este precedente histórico, poco más de un siglo después los padres de la República estadounidense supieron forjar una Constitución sólida, basada en el respeto entre los individuos, en límites razonables, en el reconocimiento del otro y un propósito común capaz de superar el mero interés individual y construir una nación próspera.
Lo mismo ocurre en un equipo de ventas o en una empresa, sea una gran corporación o un autónomo.
Un equipo que ignora estos elementos acaba viviendo lo mismo que los colonos de la isla Galápagos:
hablan de libertad, pero experimentan caos; se creen autónomos, pero terminan atrapados en juegos de poder.
Una advertencia para nuestra vida profesional
La película termina de forma trágica, como si la naturaleza devolviera un mensaje:
Un equipo libre sin normas acaba destruyéndose.
Un equipo con normas sin libertad se asfixia.
El liderazgo consiste en crear el equilibrio.
Ni la libertad absoluta del filósofo alemán ni la vida borrega que él criticaba son salidas viables.
Ese pacto, invisible pero real, es lo que convierte una isla en comunidad,
un equipo en cultura,
y una empresa en propósito compartido.
Notas:
La película se llama Eden (Prime Video, 2024).
Antes de desembarcar, los colonos americanos firmaron el Pacto de Mayflower, llamado así por el barco que los transportó desde Inglaterra hasta Massachussets.




