Lecciones de filosofía, naturaleza humana y empresa desde una isla desierta (II)

Una reflexión sobre la importancia de los pactos, el respeto mutuo y la responsabilidad compartida para sostener cualquier proyecto humano.

Hay películas que no solo entretienen, sino que nos obligan a pensar. Esta fue una de ellas. Por eso he decidido escribir una segunda parte sobre la historia de la isla desierta en Galápagos, donde un experimento de libertad absoluta se transforma en una lucha por la supervivencia y degradación moral.

Al verla, pensé en El Señor de las Moscas de William Golding: basta retirar las normas, los acuerdos mínimos y la conciencia de límite para que el ser humano revele su extrema fragilidad.

Y eso, queramos o no, ocurre también en las organizaciones.

En un equipo, en una empresa, en un país, la ausencia de reflexión y de educación ética abre la puerta al caos. Podemos llamarlo sesgos, impulsos, presión del entorno, o simplemente… deshumanización.

La fragilidad humana: cuando suspendemos la reflexión

El ser humano es frágil en esencia y débil en su voluntad, no porque no tenga capacidad o fortaleza, es porque muchas veces se pierde cuando suspende su pensamiento crítico y deja a un lado la bondad que lo hace humano.

En un equipo esto se traduce en:

  • decisiones impulsivas,
  • obediencia ciega,
  • cultura del miedo,
  • líderes autoritarios,
  • empleados que callan,
  • injusticias que se normalizan.

La ley, la norma, el proceso… no garantizan justicia por sí solos.
Lo vemos en la empresa y en la política:
sin criterio, sin ética y sin reflexión, cualquier estructura puede degenerar.

¿Qué es lo justo? La pregunta que no se puede relativizar

Una cuestión atraviesa toda la historia humana y cualquier organización:

¿Cómo sabemos que lo que decidimos —y convertimos en norma— es realmente lo bueno y lo justo?

No hay respuesta definitiva.
Pero sí una dirección clara:
la ley moral no viene de fuera, sino de dentro.

Ese fue el sueño de Kant:
una comunidad humana basada no en imposiciones, sino en conciencia.
Una ética interior que guíe la convivencia y respete la dignidad del otro.

En un equipo, esto significa formar personas que piensen, no que simplemente obedezcan.

Cuando la autoridad deja de proteger y empieza a someter

Hoy vemos con frecuencia un fenómeno que me preocupa:
autoridades —judiciales, políticas o corporativas— que interpretan la norma más allá de sus límites, guiadas a veces por su criterio personal y no por el interés común.

Recientemente Banksy el artista callejero inglés hizo una pintada con mucho sentido:
un juez blandiendo un mazo sobre un hombre que solo logra interponer el cartel de protesta como si fuera su escudo protector (Banksy Via AP News).

La imagen es tan directa que incomoda: la ley que se usa para someter. Una metáfora visual del abuso de poder.

En las empresas ocurre exactamente lo mismo:
un líder sin autolimitación, sin reflexión y sin humildad, puede destruir la dignidad de un equipo entero.

Sócrates: la educación como origen del liderazgo ético

Sócrates fue uno de los primeros en situar la ética en el centro de las decisiones humanas.
Y dejó una pregunta que debería acompañarnos siempre:

 “¿Qué debo hacer?”

La educación no es un lujo: es la base de la libertad, de la dignidad y de la convivencia.

Por eso, tanto en política como en la empresa:

  • cuando baja el nivel educativo,
  • cuando dejamos de pensar críticamente,
  • cuando ya nadie de una empresa cuestiona si lo que se hace está bien o mal,

la decadencia es inevitable.

La libertad se reduce, la dignidad se erosiona, y la justicia se diluye en subjetividades peligrosas.

El falso superhombre: cuando la libertad se pervierte

La película de Galápagos tiene un detalle inquietante:
el protagonista defiende una especie de “superhombre” autónomo, sin universalismos, sin límites y sin responsabilidad.

Una figura que, como bien sabemos, fue reinterpretada por el pensamiento nazi.

Cuando el liderazgo se basa en:

  • fortaleza sin empatía,
  • libertad sin responsabilidad,
  • individualismo sin comunidad,
  • poder sin límites,

el resultado es siempre el mismo: fascismo psicológico y moral.
Dentro y fuera de la empresa.

La enseñanza para líderes y managers

Con el tiempo he llegado a la conclusión de que no necesitamos más reglas.
Necesitamos más conciencia.

El liderazgo verdaderamente humano y transformador se sostiene en:

  • límites justos,
  • pensamiento crítico,
  • educación continua,
  • respeto por la dignidad del otro,
  • responsabilidad moral,
  • vocación de servicio.

No en mazos, no en símbolos de autoridad, no en el “aquí mando yo”.

En la empresa, como en Galápagos, la libertad sin ética siempre conduce al desastre.

Un manager no es la ley.
Un líder es la conciencia.

Y si algo nos enseña esta película —y tantas otras historias humanas— es que la dignidad solo se preserva cuando el poder se sostiene sobre la ética, y no al revés.

En tiempos en los que la frontera entre autoridad y abuso es cada vez más volátil,
educar, pensar y cuestionar no es solo un acto intelectual.
Es un acto de liderazgo.
Quizá el más radical de todos.

Notas:

La película se llama Eden, está disponible en Prime Video (2024).

El Übermensch nietzscheano (superhombre, el que se supera a sí mismo) surge en Así habló Zaratustra como símbolo de autotrascendencia moral y creación de valores. Su apropiación nazi tergiversó por completo esta noción, transformándola en una ideología de supremacía racial. La figura que alude indirectamente la película pertenece a esta deformación histórica, no al concepto filosófico original.